¿Sabías que los ciudadanos romanos disfrutaban de recitales de poesía mientras se bañaban en aguas termales?

Termas

Las termas representaban algo más que un lugar donde bañarse: eran también un lugar de deporte, biblioteca y auditorio para escuchar recitales de poetas poco profesionales y aficionados. Lo que no hacían, generalmente, en estos lugares era nadar, porque la piscina estaba más pensada para el relajamiento que para el ejercicio.

Tanto hombres como mujeres iban al baño público, tanto para tratar su cuerpo como su espíritu; aparte del agua caliente y los masajes con aceites perfumados, se apreciaba en esos establecimientos el trato verbal con otros asistentes, lo que proporcionaba noticias auténticas de chismes que circulaban por la ciudad. Las mujeres tenían acceso a las termas desde las horas más tempranas del día hasta la hora séptima y los hombres todas las horas restantes, desde la hora octava (dos de la tarde).

Las antiguas Termas romanas públicas de Lucus Augusti estaban situadas a las orillas del río Miño, a poca distancia del puente,conservadas, en parte, en la planta baja del actual hotel balneario, fueron declaradas BIC.

Construidas a inicios del s. I d.C., eran lugar de parada obligatoria para los viajantes y los habitantes de la ciudad que se acercaban a ellas por el trecho de la vía romana, encontrando aquí un lugar de ocio y recreo al mismo tiempo que de curación, gracias a los ricos manantiales acuíferos medicinales, con temperaturas que alcanzan los 43,8 ºC, y que sigue utilizando el actual balneario. De sus ruinas, aún imponentes, hablan diversos testigos del siglo pasado, señalando la existencia en el lugar de varios vestigios relacionados con la antigua fábrica romana.

De ellas persisten, hoy en día, tres salas abovedadas. Dos de ellas, bien pavimentadas en opus signinum (compuesto de fragmentos de teja y ladrillo con cal), y provistas de pequeñas hornacinas en las paredes, parecen identificarse con el antiguo apodyterium( zona de vestuarios). No obstante, esto es sólo una pequeña parte del conjunto, que excedía las dimensiones del actual balneario.

Se conocen otras estancias que correspondían a un espacio porticado, inicialmente concebido como palestra(gimnasio) y posteriormente como basílica thermarum (estancia basilical). En el patio posterior había una gran piscina, hecha de potente hormigón romano (opus caementicium).

Se documentaron, al mismo tiempo, los diferentes conductos de captación y canalización de las aguas termales, así como los sistemas de drenaje. Se demostró también la existencia de un culto vinculado a la utilización de las aguas, gracias al hallazgo de 14 aras o altares dedicadas a las ninfas, lo que confirma el uso terapéutico-religioso de las instalaciones, junto con una faceta más profana vinculada al ocio y a los baños higiénicos. El abandono y desmantelamiento de buena parte de las instalaciones se produciría alrededor del s. III d.C. No obstante, sus benéficas y salutíferas aguas seguirán empleándose en el medievo y en épocas más recientes.

¿Sabías que por este puente pasaban los comerciantes de Astorga en su camino a Lugo y Braga?

Puente

Lucus Augusti era, en el siglo I, uno de los epicentros viarios más importantes del Noroeste de la Península, donde nacían o morían varias rutas. Por este motivo, no es de extrañar que los romanos necesitasen diseñar y construir un puente, al suroeste de la ciudad, que cruzase el río Miño y comunicarse con los principales núcleos de comercio de la antigua Gallaecia.

Una de las principales rutas era la vía XIX del Itinerario de Antonino*, construída a principios do s. I da nosa era, en época de Augusto,que unía Asturica Augusta (Astorga), pasando por Lucus Augusti, con Bracara Augusta (Braga) a través de un recorrido de 299 millas (450 km). Siguiendo el curso del antiguo decumanus maximus (una de las principales calles de la urbe romana), hasta su salida por la Puerta Miñá, la vía XIX inicia su recorrido hacia Bracara, en continuo descenso hasta el río Miño.

Para dar paso a la vía XIX y posteriormente a otras que se van diseñando, los romanos construyeron un gran puente de granito. Al parecer en su construcción participaron ingenieros militares de la Legión X Gémina, cuya marca aparece en alguno de los sillares del puente. Se conservan partes de la fábrica original romana en varios de sus pilares, en los que se pueden reconocer algunos de los detalles constructivos que lo caracterizan: alternancia de hiladas dispuestas a soga y tizón, almohadillado de los sillares de granito, grapas con doble cola de milano, marcas de palanca, inscripciones, etc. Es posible que el puente original tuviese ocho arcos de 10,40 m, con una composición simétrica, pilares de 4,70 m de espesor con un tajamar semicircular en su frente de 2,35 m de radio, y rasante horizontal, con una tipología habitual en otros puentes de Hispania. Su longitud, de unos 120 m, y su anchura, de 7 m, dan una idea de la monumentalidade de esta obra.

El puente se mantuvo en servicio a lo largo de la historia, sirviendo de paso a distintas rutas medievales (como la del Camino Primitivo a Santiago) dando continuidad a los Caminos Reales a Santiago y Ourense y a las modernas carreteras de los siglos XIX y XX.

Las huellas de todos estos caminos quedarían reflejadas en el puente a través de las diferentes reformas que se pueden reconocer en él. Reformas, de gran calado que rompen con la estética tradicional romana, sucedidas en época medieval y en los siglos XVI, XVIII y XIX, culminando con actuaciones de arqueología y de rehabilitación para su posterior peatonalización entre 2012 y 2013.

*Itinerario de Antonino: documento de la Roma antigua, redactado en el siglo III, que recopila las rutas del Imperio Romano.

¿Sabías que los emperadores romanos ya expropiaban terrenos para que los ingenieros pudieran levantar sus imponentes construcciones?

Acueduto

Las ciudades romanas necesitaban un suministro de agua abundante y seguro. El agua era vital para el desarrollo de la vida urbana. En palabras de Plinio el Viejo: “Es el agua la que hace la ciudad”. El agua llegaba a la ciudad a través de los acueductos, desde las fuentes cercanas y hasta unos grandes depósitos llamados castellum aquae.

La construcción de los acueductos estaban regulada por leyes, como las que recoge el Codex Theodosianus (Código Teodosiano), de principios del siglo V. En él se definían el marco legal de los acueductos, donde se recogía, por ejemplo, la expropiación de terrenos para llevar a cabo la construcción de estas obras públicas, las condiciones para regar los jardines con el agua de la canalización, incluso la prohibición de plantar árboles a una distancia inferior a 4,5 metros en ambos lados del acueducto, para que sus raíces no pusieran en peligro la durabilidad de la obra.

El acueducto de Lucus Augusti comenzaba en “Agro do Castiñeiro”, en el actual barrio de la Piringalla, donde se recogía el agua de los ricos manantiales acuíferos existentes en la zona. El agua aquí recogida discurría a lo largo de aproximadamente 2.100 metros, ayudada por un desnivel de unos 6,5 metros entre la zona de captación y el castellum aquae (depósito de distribución de agua), situado en la parte alta de la actual Plaza de Santo Domingo, desde donde se distribuía el agua por toda la ciudad a través de tuberías de plomo.

Para vencer el pequeño desnivel existente a la altura del barrio de la Milagrosa, se recurrió a un sistema de arcos o arcuationes, que sostenían el canal y lo mantenían al nivel adecuado.

El acueducto sufrió modificaciones, posiblemente en la época medieval, incluso se sabe que en el siglo XVI, el Ayuntamiento intentó modificarlo, dada la escasez de agua ante el importante crecimiento de la ciudad. A mediados del siglo XVIII, por iniciativa del obispo Izquierdo, se construyó un nuevo acueducto paralelo al romano, para dar solución a la falta de agua.

Durante las obras de peatonalización de la calle San Marcos, se pudo documentar un tramo de la parte intramuros del acueducto original, hoy visible a través de una ventana.

La obra romana es fácilmente reconocible en el muro corrido, de aproximadamente un metro de ancho, fabricado en opus caementicium (hormigón romano realizado con cuarcitas de mediano tamaño ligadas con mortero de cal y arena), en el que se pueden observar las huellas del encofrado de madera (moldes del entablado y agujeros que atraviesan el muro, donde se colocaban los maderos o traviesas que soportaban el entablado). Como base de la estructura de caementicium se emplea un empedrado de cuarcitas y arcilla, más ancho que el propio muro. Esta estructura constituía la base sobre la cual discurría el canal de agua (specus). Presenta una remodelación posterior, realizada en mampostería de pizarra, datada probablemente en época medieval.

¿Sabías que el funcionariado de hace 2000 años trabajaba en el mismo sitio que hoy en día?

Basílica Romana

El foro era el centro de la vida urbana en la ciudad romana y, por tanto, el punto de convergencia o espacio común donde se desarrollaba la vida pública de la ciudad, relacionada con la política, los asuntos judiciales, religiosos o los negocios comerciales.

El foro de Lucus Augusti era una gran plaza pública porticada de forma rectangular, que medía 108 metros de ancho y 196 metros de largo, con una superficie aproximada de 21.000 m². Aparece cerrado sobre si mismo y bordeado por los viales principales de la ciudad (kardi y decumani), que a su vez, determinaban el eje dominante de la cuadrícula urbana. Ordenados de forma axial, se distribuían los tres ámbitos clásicos del área foral: el área sacra, la plaza pública y la basílica. El foro venía a coincidir con el rectángulo comprendido entre la Plaza de Santo Domingo (al norte), calle de la Reina (al oeste), calle del Progreso (al este) y la sede del actual consistorio (por el sur). Y es precisamente aquí donde se hallan los restos de la basílica romana.

En el foro romano, la basílica era un edificio público con múltiples usos: sede de los tribunales de justicia, lugar de transacciones financieras, templo de culto, mercado y lugar de celebración de reuniones de índole diversa de la ciudadanía.

La basílica lucense, de planta rectangular, con unas dimensiones aproximadas de 90 metros de longitud y 25 metros de anchura, estaba dividida en tres naves, compartiendo con la plaza pública su pórtico meridional.

El funcionario de hoy compartiría espacio con el romano encargado de la administración financiera y las labores legislativas, ya que el actual edificio destinado a Ayuntamiento de Lugo, se asienta sobre los cimientos de lo que podría denominarse como el Ayuntamiento del antiguo Lucus Augusti. Cimientos de un gran muro de 1,35 metros de ancho, construido en opus caementicium (hormigón en época romana) en la base y losas de pizarra en la parte superior, perteneciente al basamento de la nave central de la basílica.

Parte de estos cimientos, los únicos restos que se conservan, datados del siglo I, pueden visitarse en el Centro de Nuevas Tecnologías, en la parte trasera de la casa consistorial de Lugo, ubicada en la Plaza Mayor. La peculiaridad de estos restos es que están dentro del edificio, algo que convierte a la sede del gobierno lucense en una de las pocas del mundo con vestigios romanos en su interior.

¿Sabías que en las calles de la ciudad estaba prohibido el tránsito de carros y mercancías durante el día?

Calzada

Las calles de Lucus Augusti presentan una disposición en la que cabe diferenciar, por una parte la calzada, por donde discurrían carros y mercancías, y por la otra, las aceras, que eran los espacios reservados a la circulación de peatones. Por el día, cabe imaginar las calles llenas de bullicio y una intensa animación, pobladas por una aglomeración de gentes que circulaban por los puestos de venta situados bajo los soportales. Por la noche esta marea de gentes cesaba, para dar paso a las bestias de carga y carretas que repartían las mercancías, y cuyo tránsito estaba reservado a las horas nocturnas; ya que tenían prohibida la circulación por las calles durante el día, porque constituían un peligro permanente para los ciudadanos y un engorro para la ciudad.

La calzada estaba bien pavimentada con cantos de río de diferente tamaño y grosor, conformada por varias capas. Las calles sufrirán sucesivas reformas o reparaciones en su pavimentación, a lo largo de las diferentes etapas de la ciudad, afectando al ancho de las mismas, reduciendo en muchos casos el espacio de circulación.

No todas las calles poseían aceras, pero cuando estas existían presentaban un pavimento de tierra batida y muy bien compactado. Por otra parte, la mayoría de las aceras estaban porticadas, al menos en uno de sus lados, como era costumbre en muchas ciudades romanas. Estos pórticos no solo permiten guarecerse de las inclemencias del tiempo, sino que son también un lugar idóneo para la instalación de pequeñas tiendas comerciales que ocupaban los bajos de las casas.

En uno de los locales de la planta baja de este antiguo pazo urbano del siglo XVIII, transformado en centro comercial, se conservan los restos de un trecho de calzada de cantos rodados de una calle romana de cuatro metros de anchura, ceñida por los muros de las edificaciones laterales, datada en el siglo I después de Cristo. La particularidad de esta calle de la antigua urbe romana es que no tenía aceras, como era habitual en Lucus Augusti, por el que se trataba con seguridad de una calle menor (cardo minor). Hay que señalar que los restos conservados, descubiertos con motivo de las excavaciones arqueológicas realizadas en este solar en el año 1991, fueron trasladados en bloque ligeramente (unos 2 m) en relación con su posición original, aunque conservan la misma orientación.

¿Sabías que los romanos, en los ritos funerarios, tenían pequeños vasos de cerámica donde recogían las lágrimas que los parientes y amigos derramaban por el difunto?

Estructura Funeraria

En los ritos funerarios, como ahora, se disponía del cuerpo del muerto de dos maneras: la cremación y la inhumación. Lo que sí era distinto al rito funerario actual era la presencia, entre las ofrendas de amigos y familiares, de unos pequeños vasos de vidrio o de cerámica que, por la función que desempeñaban, recibieron el nombre de lacrimatorios; eran de forma tubular con un ensanchamiento en la base y servían para contener las lágrimas que los parientes, amigos y plañideras profesionales derramaban por el difunto.

Existía todo un ritual desde la muerte hasta el enterramiento. Uno de ellos consistía en dar un beso al fallecido para extraer su alma y que ésta no se perdiese; cerrarle los ojos al difunto y pronunciar su nombre hasta tres veces (conclamatio) para asegurar que estaba muerto. El cadáver, vestido, perfumado y con flores, era expuesto en una cama o litera, en el atrio de la casa, colocado con los pies hacia la puerta de entrada de la vivienda. El traslado del difunto al cementerio se efectuaba en ataúd de madera, portado por cuatro o seis hombres, precedidos por músicos y plañideras. Los velatorios podían durar entre tres y siete días.

El ritual más antiguo constatado en Lucus Augusti es el de la incineración, que consistía en la reducción a cenizas del cadáver. En la ciudad se conocen tres importantes necrópolis de incineración. Los enterramientos de este tipo que conocemos, consistían en simples fosas escavadas en el suelo o en pequeñas cistas o cajas realizadas con tégulas y ladrillos, en cuyo interior se depositaba la urna cerámica que recogía las cenizas del muerto, acompañada por los objetos que formaban parte del ajuar funerario.

Estas urnas también se podían colocar en nichos practicados en las paredes o suelos de los edificios funerarios, fuesen de carácter familiar o colectivo (columbarios).

En relación con este tipo de enterramiento, en el actual edificio del Centro Cultural O Vello Cárcere, se conservan los restos de una estructura soterrada, a modo de pequeño mausoleo o hipogeo, de forma cuadrangular y algo más de 2 m² de superficie (1,53 x 1,57 m), con muros de mampostería de pizarra y que contaba con cuatro escalones de acceso. La función de esta estructura no está totalmente definida, pero se relaciona con un lugar de enterramiento –a pesar de que no aparecieron restos de cremación– asociado a la necrópolis documentada en la zona de San Roque, una extensa área funeraria que fue lugar de cremación e inhumación durante todo el período romano.

¿Sabías que en esta imponente mansión, frente a la entrada de la actual catedral, vivía Gaio Victorio Victorino, el recaudador de impuestos de Lucus Augusti?

Domus do Mitreo

Su nombre aparece grabado en un ara encontrada en el templo mitraico, que se construyó años más tarde, junto a la domus(casa), por lo que se sabe que este personaje vivió aquí, y durante su estancia en dicha domus , construyó el edificio anexo dedicado al culto.

Gaio Victorio Victorino fue centurión de la Legio VII, y estaba al frente de un destacamento militar encargado, según la inscripción del ara, del funcionamiento de una statio lucense (oficina tributaria). Por esto, es posible saber qué parte de la domus estaba dedicada a esta función administrativa, y por eso estaba situada junto a una de las calzadas de la ciudad.

Situada, actualmente, junto a la Puerta de Santiago, frente a la Catedral, fue un imponente edificio de grandes dimensiones, construido en época alto imperial, que contaba con planta baja, un amplio patio y un primer piso.

Su orientación hacia las riberas del río Miño y a las zonas con los mejores suelos para el cultivo, la convierten en una privilegiada, dominando el paisaje.

Se trata de una vivienda con un diseño arquitectónico muy avanzado para la época, en la que se cuidaron sus proporciones geométricas y la utilización de diferentes materiales en función del fin al que iban destinados.

Tanto las paredes como los techos estaban decorados con pinturas murales. Las primeras con un esquema decorativo dividido en tres sectores horizontales, y los techos con una composición ortogonal de círculos secantes sobre un fondo ocre.

A pesar de la majestuosidad del edificio, a comienzos del siglo IV d.C., la protección de la ciudad era lo más importante, y para ello fue necesario una destrucción organizada y selectiva de parte de la domus, para así disponer de espacio suficiente para encajar tanto la muralla como el intervallum (calzada que bordea la muralla por su cara interna).

Hoy día, se conservan restos musealizados de varias de las estancias de esta domus , organizadas alrededor de un patio central porticado. Se conservan muros de más de dos metros de altura, pertenecientes a alguna de la estancias de la domus, que cuentan con importantes vestigios de pintura mural y también se pueden observar parcialmente algunos elementos estructurales del patio, como el enlosado, basas y columnas.

¿Sabías que la ciudad romana se extiende más allá del actual recinto amurallado?

Restos Domus

El motivo por el cual aparecen abundantes vestigios de la ciudad romana fuera del recinto amurallado, en la actual zona del barrio de Recatelo, obedece a la construcción de la muralla. La nueva ciudad amurallada de finales del siglo III d.C., por motivos de carácter defensivo, deja fuera de sus muros una amplia zona situada al suroeste, ganando por el contrario una estrecha franja de territorio hacia el norte y noroeste.

Esta zona estaba ocupada mayoritariamente por casas o ínsulas más modestas que las grandes domus o casas señoriales. Estaban constituídas por una o dos plantas, con la parte superior para la zona residencial, mientras que en la parte baja se podían localizar todo tipo de actividades comerciales y artesanales. A diferencia de las grandes domus de los patricios, los minúsculos apartamentos de las insulae no tenían cocina ni agua corriente. Tener cocina era un lujo para la mayoría, así que la gente acudía a las lixae, puestos donde se vendía comida, o a las popinae y cauponae, bares y hostales en los que se servía comida y bebida.

La mayoría de estas viviendas fueron arrasadas y sus materiales empleados en la erección de la muralla. Con el paso de los años esta zona se fue convirtiendo en uno más de los barrios extramuros de la ciudad, quedando relegada a la presencia de hornos alfareros u otras pequeñas industrias que como era habitual se localizaban en el extrarradio urbano. Al mismo tiempo también resulta frecuente documentar un gran número de enterramientos de inhumación, lo cual nos habla de la presencia de zonas cementeriales, que fueron sustituyendo a los ámbitos antiguamente residenciales.

Conservados en un patio abierto, dentro del espacio ocupado por el edificio de la sede del Colegio de Arquitectos de Lugo, se observan los muros de algunas dependencias pertenecientes a una de estas casas romanas más humildes, datada en los siglos II-III después de Cristo, entre los cuales se reconoce un posible horno doméstico de planta circular, que se localizaría en la parte baja de la edificación. Los restos, aunque se conservan en el mismo lugar de su hallazgo, fueron trasladados en bloque a una cota más baja de la que ocupaban originariamente, para poder desarrollar el proyecto constructivo del nuevo edificio.

¿Sabías que en este templo se sacrificaban animales al dios Mitra?

Templo de Mitra

En este lugar de culto se practicaba el mitraísmo, religión mistérica de origen oriental, que se extendió muy rápido entre las legiones romanas, debido a que estaba participada, prioritariamente, por hombres sin importar su clase social.

Según sus creencias, Mitra, dios de la luz, nacería de la petra generatrix, junto a un manantial y bajo un árbol sagrado. Tiempo después, se encontraría con el toro mientras paseaba por las montañas y, sujetándolo por los cuernos, lo montó hasta que el animal quedó exhausto; entonces lo llevó a hombros hasta la cueva donde vivía, y un cuervo le dijo que el toro debía ser sacrificado.

Al principio, los seguidores de esta religión, se reunían en cuevas naturales, en recuerdo de la cueva en la que vivía, según la creencia, Mitra. Pero más tarde comenzaron a construir recintos artificiales, oscuros, sin ventanas, que permitieran entrar la luz, recreando así, la sensación de aquellas primeras cuevas, en las que solamente se podían reunir unos cuarenta fieles.

En estos recintos, los fieles, celebraban banquetes en los que consumían pan y vino, y que, en ocasiones, incluían el sacrificio animal.

Los romanos, seguidores de esta creencia, pensaban que su comportamiento ético y moral, su capacidad de esfuerzo y sacrificio y la participación en estos rituales les aseguraban la vida eterna, ya que el mitraísmo contempla al hombre como el sujeto único de su destino.

Esta creencia, protegida por los emperadores, tendrá su época de esplendor a finales del siglo II y durante el siglo III y es que su estructura fuertemente jerarquizada les ayudaba a reforzar su propio poder. Ya en el siglo IV, con las pérdidas territoriales del Imperio, comenzó su época de decadencia, agravada por el establecimiento de la libertad de religión en el año 313 d.C.

Este templo lucense, situado frente a la fachada principal de la Catedral, junto a la Puerta de Santiago, es uno de los pocos monumentos mitraicos de España que pueden ser datados con fiabilidad en el siglo III d.C. Construído a principios de dicho siglo, junto a una gran Domus Altoimperial, perduraría hasta mediados del siglo IV, siendo así uno de los templos mitraicos que más tiempo perdura en Hispania.

Consta de una estructura rectangular en la que se distinguen tres partes: la antecámara, el spelleum (cueva), una sala decorada con pinturas y bancos corridos en las paredes para poder celebrar los banquetes, y el santuario, donde estaba el altar y la representación de Mitra dando muerte al toro.

Aún hoy se conservan restos arquitectónicos, visitables, de lo que fue este templo mitraico, además de un ara de granito con una dedicatoria a Mitra del centurión Gaio Victorio Victorino perteneciente a la Legio VII. También se encontraron restos de bronce, posiblemente pertenecientes a una estatua del dios Mitra.

¿Sabías que la cerámica de Lucus Augusti se exportó a más de 700 km de distancia?

Hornos de la Rúa Nova

Lucus Augusti fue, a lo largo del s. I y prácticamente hasta mediados del s. V d.C., una urbe alfarera. Los talleres alfareros se extendían por toda la banda norte de la ciudad, donde se han podido documentar un gran número de hornos, como los que aquí podemos contemplar. Dichos talleres producían vasijas de todo tipo, relacionadas principalmente con el uso de cocina o almacenaje, y pronto adquirieron un gran prestigio, gracias a la calidad de las mismas. Bajo la marca de alfareros como Quinto, Capito, Rufi, Rufianus, etc., los productos lucenses alcanzaron un gran auge y difusión, siendo comercializados a zonas tan lejanas como el valle del Ebro o norte de Portugal, donde se ha podido constatar su presencia.

Dentro de las producciones lucenses, destacan las denominadas cerámicas de engobe rojo, llamadas así por el característico pigmento rojizo que las cubre y se aplica de diferentes maneras, según el tipo de recipiente. Inspirados en modelos romanos, las primeras producciones lucense imitan la característica terra sigillata, pero están realizadas conforme a las pautas de la cerámica indígena. Sin embargo, las cerámicas lucenses alcanzarán su mayor esplendor y difusión a finales de la primera centuria, con la producción masiva de platos y cuencos para el servicio de mesa.

A partir de finales de la tercera centuria, se diversifica más la producción, con la fabricación no solo de platos, sino también jarras y grandes bandejas, además de cuencos, inspirados en las formas de la sigillata tardía. La alta consideración de estos productos hace que también sean empleados como elementos habituales en los ajuares funerarios que acompañan los enterramientos de esta etapa.

Los hornos se agrupaban en pequeños talleres, y presentan diferentes tipologías de formas. Aquí se pueden contemplar dos de estos hornos, que conservan intacta su estructura inferior, formada por la cámara de combustión y el conducto de alimentación del calor o praefurnium e, incluso en uno de ellos, las arcadas que sustentarían la parrilla de cocción. Se caracterizan por su pequeño tamaño y su forma elíptica y están construidos a base de pequeñas lajas de pizarra. Estos se extrajeron del yacimiento y se reubicaron en un lugar próximo al del hallazgo, dentro de un patio entre casas, al cual se accede a través del primer sótano de la casa situada en Rúa Nova, 80; por lo que su visita solo se puede realizar previa demanda.

¿Sabías que la muralla de Lugo se erigió al mismo tiempo que las de Braga, Astorga y León?

Muralla

A finales del siglo III d.C., en un momento de crisis y apuro para el imperio romano ante la presión de los pueblos bárbaros, se planifica y construye la muralla de Lugo, que perdurará hasta nuestros días con escasas reformas que no han llegado a modificar, sustancialmente, su aspecto original.

Su construcción obedece a un plan imperial que consistió en establecer toda una línea defensiva articulada por ciudades amuralladas dotadas de fuertes defensas, entre las que la misma Roma sería el primer objetivo a proteger. De ahí que, al igual que Lugo, otras ciudades hispanas también se fortificaron con murallas que presentan grandes similitudes en su construcción, tal es el caso de Barcino (Barcelona), Caesaraugusta (Zaragoza), Veleia (Iruña), Legio (León), Asturica (Astorga) o Bracara (Braga).

La muralla lucense, se concibe como un auténtico proyecto de ingeniería militar rigurosamente planificado, tanto en lo referente a su trazado como a las técnicas constructivas y los diversos elementos que conforman su estructura arquitectónica, convirtiéndose por ello en paradigma de los recintos defensivos urbanos de época romana.

El trazado de la muralla dibuja un rectángulo imperfecto de lados oblongos, adaptado a la topografía del terreno, que abarca una superficie intramuros de aproximadamente 35 ha, que en la actualidad se corresponde con el actual casco histórico de la ciudad de Lugo. El perímetro de esta obra, integramente conservado, alcanza algo más de dos kilómetros.

Esta fortificación contaba en origen con 85 torres de planta semicircular, con diámetros que oscilan entre los cinco y los trece metros, en la actualidad muchas de ellas destruídas o modificadas y que en origen estaban coronadas por dos o tres pisos, perforados por varias ventanas en arco. Estas torres estaban separadas entre si por lienzos de muro recto o cortinas que presentan una longitud variable y un espesor medio de seis metros.

En la construcción de la muralla se utilizaron como materiales principalmente pizarras características de la zona lucense, junto con cuarcitas y sillares de granito. El núcleo principal de la muralla está constituído por un potente relleno de pizarras, cuarcitas y otros materiales reaprovechados (por veces de carácter arquitectónico o epigráfico), amalgamados con cal y arena, dispuestos en capas alternas, todo comprimido entre dos paramentos o muros de pizarra que se levantan derechos por el exterior, mientras que por el interior presentan un característico perfil quebrado.

La muralla cuenta hoy con diez puertas para acceder al recinto intramuros, de las cuales solo cinco se consideran de época romana (Porta Nova, Porta Miñá, Porta de Santiago, Porta de San Pedro e Porta Falsa), aunque con importantes transformaciones.

Fue declarada Monumento Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, ya que fue considerada como la muestra más monumental, mejor conservada y con mayor integración en el tejido urbano que la rodea, no sólo de España, sino en lo que fue todo el área territorial del Imperio Romano.

¿Sabías que la muralla fue diseñada teniendo en cuenta las pautas de Vitruvio, uno de los más grandes arquitectos e ingenieros de todos los tiempos?

Cimientos Muralla

Detrás de la construcción de la muralla, pura ingeniería, hubo cientos de manos de peones que no eran esclavos, sino militares e, incluso, la propia población de Lucus Augusti, que colaboraría en su levantamiento. Pero no sólo participaron las manos de los que cargaban y colocaban piedras. También están las de ingenieros, topógrafos y arquitectos que, con sus planos y estudios, se plantearon levantar la muralla más imponente e impresionante de toda Gallaecia.Además, se diseñó siguiendo en gran medida las pautas de Vitruvio, ingeniero y arquitecto romano del siglo I.

Su planta, de forma curva, ligeramente rectangular, con esquinas redondeadas y torres a corta distancia unas de otras, estaría motivada por la necesidad de adaptarse a la topografía del lugar. De igual modo, muchos de los sistemas constructivos que advertimos en su construcción, siguen las directrices de Vitruvio.

En su construcción se utilizaron como materiales principalmente pizarras, cuarcitas y sillares de granito. Estos se reservaron para la construcción de las puertas principales, por ser estas los elementos más vulnerables de la fortificación.

Las puertas de la muralla de Lugo, eran monóforas, esto es, de un solo vano, flanqueadas, cada una, por sendas torres semicirculares, que se proyectan hacia el interior mediante una contrapuerta, y defendidas sucesivamente, de fuera a dentro, por una cataracta o reja de hierro y una puerta de madera de doble batiente.

En la actualidad se conservan cuatro o cinco puertas del recinto original, de las cuales tan sólo una, la Puerta Miñá o del Carmen, conserva prácticamente intacta su aspecto primitivo.

La Porta Nova, otra de las cinco puertas de la muralla que se consideran originales, conserva los restos de sus cimientos romanos, ya que su traza actual se corresponde a una reforma de 1900. Estos parecen corresponderse a la estructura de una contrapuerta interior. Consisten en varias hileras de sillares de granito asentados a hueso, inmediatos a la calzada, pero ligeramente retraídos en relación a la puerta, en uno de los cuales se lee la inscripción FVNDAM (alusiva a los fundamenta o fundamentis, esto es, los cimientos de la obra).

¿Sabías que desde estos arcos, los soldados romanos lanzaban flechas a los invasores?

Torre de la Mosquera

Los ingenieros y arquitectos romanos artífices de la muralla no daban puntada sin hilo. Y es que la altura del monumento, por la parte exterior, oscila entre los 8 y los 12 metros, podía ser aún mayor, si tenemos en cuenta los cuerpos superiores de las torres. Estas podían tener uno o dos pisos, con cuatro o cinco ventanas en arco, desde las cuales los defensores lanzaban sus flechas o ballistae.

La torre de A Mosqueira, es la única torre que se conserva con el aspecto más parecido al que tendrían los cubos de la muralla romana, ubicada entre el reducto de María Cristina y la puerta de San Pedro, se ha convertido en el principal símbolo, no solo de la muralla, sino también de la ciudad. Ésta conserva ventanales en forma de arco de medio punto de 1,15 metros de ancho y 1,43 metros de alto.

Los restos de ésta son prueba de que sobre cada uno de estos cubos se erguían sendas torres de, al menos, dos pisos, en los que se abría una línea de cuatro o cinco ventanas con arcos rematados, posiblemente, por una cubierta superior con tejado de teja o pizarra a tres aguas. Muchas de estas torres, con sus pisos y ventanas, todavían eran visibles en los siglos XVIII y XIX, siendo demolidas la mayor parte de ellas durante la reforma decimonónica de Alejo Andrade; permaneciendo como único testimonio de las mismas la subsodicha torre de A Mosqueira.

La muralla estaba compuesta por 85 torres o cubos defensivos con planta redonda, de entre 5 y 14 metros de diámetro, pensadas así ya que las formas redondas aguantan mejor los empujes. El número de cubos y su disposición no es aleatorio, ya que evita la existencia de ángulos muertos. Los lienzos o cortinas, tramo de muro que se extiende entre dos torres, tienen una longitud de entre 6,3 y 13,5 metros.

De los 85 cubos originales, se conservan 75: 64 presentan planta semicircular o modificada; 8 tienen planta tropezoidal debido a seccionamientos en diferentes épocas; y las 3 restantes son cuartos de círculo debido a seccionados transversales posteriores.

¿Sabías que había que utilizar escaleras móviles de madera para llegar a las escaleras superiores de acceso a la muralla?

Escaleras Originales

¿Sabías que recibe este nombre por ser la salida natural hacia el río Miño?

Puerta Miñá

Conocida popularmente en la actualidad como Puerta del Carmen por estar ubicada frente a la capilla de este nombre, aparece en la documentación medieval como Miné o Mineana, por ser la salida natural hacia el río Miño, nombre que derivó en el actual de Puerta Miñá. Era la entrada de la vía XIX procedente de Bracara Augusta (Braga) y enlazaba con el decumanus maximus de Lucus Augusti.

Es la más antigua, siendo la puerta de origen romano que se conserva con menos modificaciones. Sometida a un proceso de consolidación en 1854, se intentó su derribo para sustituirla por otra nueva en 1870, pero la situación de crisis económica municipal no permitió realizar la obra.

Conserva en su interior el hueco destinado al cuerpo de guardia, aunque alterado debido a que se tapió el arco superior que daba acceso a ese espacio, además de haberse eliminado su piso, el balcón y la escalera para subir a él. Esta estructura es probablemente de la época medieval, se deduce por la utilización de laja de pizarra, en lugar de granito, en el tramo superior de los cubos y puertas.

En este hueco se localizaría el mecanismo de elevación y descenso de la puerta. A la derecha e izquierda se pueden ver las canaladuras que servían de guía o corredera a la reja levadiza de hierro. También se advierte un paramento inmediato que sirvió de cimentación para el edificio que pertenecía a una contrapuerta, a modo de prolongación del paso de puerta por el interior. Estas contrapuertas debían alzarse, cuando menos, hasta la altura del adarve.

Esta puerta está formada por un arco de medio punto, rebajado, de sillares de granito. En el interior se repite el mismo tipo de arco, formando una repisa sobre la que descansaba un balcón que se proyectaba al exterior y al que se accedía por una escalera lateral situada en la parte de la izquierda.

En el interior hay una bóveda de cañón en mampostería de pizarra, que se forma por el desarrollo de varios arcos de rajuela, al mismo nivel que el paramento interior de la muralla. El último de los arcos deja abierto el hueco que servía de habitación para la guardia. Era un piso de madera, armado sobre vigas del mismo tipo de material, dividía el espacio en dos cuerpos.

Es protegida por dos sólidas torres semicirculares de perpiaños de granito que se proyectan hacia el exterior.

Hoy en día, atravesando la puerta, encontramos unas escaleras que nos permiten subir a la Muralla. El Camino Primitivo a Santiago deja atrás la ciudad al salir por esta puerta.

¿Sabías que ésta era la única puerta que permanecía abierta en tiempos de peste?

Puerta de Santiago

Está considerada una de las cinco puertas de la época romana con numerosas alteraciones a lo largo de su historia. Hoy la conocemos como Puerta de Santiago, pero en el siglo XII se la conoce como Postigo, Posticu, Porticu y en la Edad Moderna Pexigo. De este nombre se deduce, que el postigo era un paso estrecho, adaptada su anchura al paso de una persona y que se abría en otra puerta más grande, de madera. Sus dimensiones son 4,1 metros de ancho, 5,50 metros de alto y hasta el adarve, 6,90 metros.

Hasta el siglo XVI, la Puerta de Santiago fue una puerta de uso privado del cabildo y sus sirvientes. Hacían uso de ella para salir al otro lado de la muralla, para lavar en el río Miño y para acceder al Regueiro dos Hortos, donde tenían los canónigos las huertas para abastecerse de hortalizas. Era en Recatelo donde tenían su matadero y obliga y, unos metros más abajo, el palacio de Miraflores o Casa de la Viña, que era la residencia de verano del obispo. Todo esto hace suponer que en esta época los peregrinos no utilizaron esta puerta y que salían por la Porta Miñá.

En tiempos de pestes ésta era la única puerta que permanecía abierta y tenía un puente levadizo.

Era una puerta privada de los canónigos, pues recordemos que vivían en la calle inmediata, llamada por esa razón “Rúa dos Cregos”. En 1589 el obispo manifiesta su deseo de pagar todo lo que costase el arreglo de la puerta del Postigo, pues era frecuente que la rompiesen aquellas personas que no tenían derecho a usarla, con la condición de que le diesen la llave y la puerta por suya. Finalmente, los canónigos cedieron al obispo el derecho que tenían sobre dicha puerta.

Se desconoce cómo era la puerta antes de la reforma efectuada en 1759 por el obispo fray Francisco Izquierdo y Távira, quién la hizo de uso público y la ensanchó para facilitar la entrada de carruajes. Se consideraba que era una puerta fundamentalmente de salida, ésta es la razón por la que se coloca la decoración por la parte interior.
A partir de ese momento, la puerta se conoce como la Puerta de Santiago, por ser la salida a la carretera que conducía a esta ciudad, además de tener una imagen ecuestre de Santiago Apóstol, debajo el escudo de armas del Obispo Izquierdo y el año de la reconstrucción.

Puerta de un único vano de acceso con arco de medio punto y bóveda de cañón, realizados con sillares de granito. Flanqueada con dos cubos asimétricos, siendo el de mayor tamaño de pizarra y el otro de granito, tienen asientos de una piedra en su parte interior, en el adarve, para el descanso de los paseantes.

Actualmente, por esta puerta se accede a la fachada principal de la Catedral Santa María y, además, es una de las salidas del Camino Primitivo hacia Santiago de Compostela.

¿Sabías que por aquí entraban los mercaderes toledanos que venían a comerciar a la ciudad?

Puerta de San Pedro

También es de origen romano, ya que por ella salían las vías XIX y XX en dirección a Asturica Augusta. Durante la Baja Edad Media era denominada como Puerta de Sancti Petri, ya que fuera del recinto amurallado estaba la capilla San Pedro de Fóra. También, en época medieval fue conocida como Puerta Toletana o Puerta Toledana, al estar situada al final del camino procedente de Castilla, empleado sobre todo por mercaderes toledanos que comerciaban en la ciudad. En la Edad Media, y en la actualidad, sigue siendo la entrada para los millares de peregrinos que se desplazan a Santiago de Compostela a través del Camino Primitivo.

Esta puerta ha sufrido numerosos cambios a lo largo del tiempo. Antes de su modificación efectuada en 1781, estaba adintelada con vigas de madera a la altura de los postigos. Tras esa reforma, tenía un cuerpo de guardia con una estructura semejante a la de la Puerta Miñá, reconvertido en capilla de las Ermitas y que sería derribada en 1846. Disponía de un postigo de hierro, y se dice, que se cerraba una hora más tarde que las demás. En la entrada de esta puerta se encuentra un arco fajón y una bóveda de medio cañón, con dimensiones de 3,70 metros de ancho, y unos 4,85 metros de altura hasta la clave y 10,80 metros hasta el adarve. En el interior se conserva un arco de rajuela de pizarra y otros dos o tres arcos más, que forman la bóveda del cuerpo de guardia y la capilla, a donde se accedía por el interior, a través de una escalera situada a la derecha.

La decoración se encuentra en el exterior de la puerta, por ser fundamentalmente una puerta de entrada. Encima del arco, sobre un frontón triangular, se sitúa el escudo de la ciudad, rematado con la corona real, y flanqueado por dos leones rampantes. Abajo posee una cartela oval con una leyenda donde informa que fue “reedificada por orden de la ciudad, año 1781”.

Hubo también intervenciones en 1867. Pero es en 1973, tras la restauración general de la muralla, “Muralla Limpia”, cuando se la dota de dos torres de flanqueo semicirculares de sillares de granito, ya que hasta ese momento la puerta estuvo entre casas adosadas a la muralla.

¿Sabías que fue utilizada por los romanos como una salida de emergencia en caso de asedio?

Puerta Falsa

Se supone que fue una de las primitivas puertas romanas, de uso militar,conocida por los romanos como posterulae, caracterizada por presentar un acceso de reducidas dimensiones que se utilizaba como puerta falsa para poder entrar o salir en caso de asedio, que se abrían asimétricamente entre dos torres. La salida era una trinchera excavada en el terreno. Se trataba de una entrada secreta y subterránea para la calzada romana procedente de Mondoñedo.

En la Edad Media estuvieron cerradas sus puertas, abriéndose de nuevo en el siglo XVII, en torno al año 1622, al instalarse en la actual plaza de Ferrol, el hospital de San Bartolomé. También se consideraba su uso habitual para el servicio diario de carros, caballerías y personas, y para el camino que iba a Mondoñedo y a otras partes del norte lucense, heredero de una antigua vía romana que cruzaba Terra Chá.

Apenas unos 40 años después, en 1660, fue de nuevo tapiada con portones de madera destinados al control de entrada y salida de los ciudadanos.

Durante las Guerras Carlistas de mediados del siglo XIX, se le dotó de un fortín exterior para darle mayor seguridad, derribado en 1845 pero del que aún son visibles sus huellas en los paramentos.

Su estado actual corresponde con la modificación sufrida en 1798, presentando un arco de medio punto conformado por dovelas de granito y bóveda de cañón en mampostería de pizarra, situándose asimétricamente entre dos grandes torres muy separadas. El ancho es de 3,45 metros y el alto de 5,65 metros,y hasta el adarve es de 11,50 metros.

Ya en el siglo XX se cierra al tráfico y se dota de acceso con escaleras. Por lo que, actualmente, es una puerta peatonal que permite la comunicación entre la Plaza de Ferrol y la zona noreste de la ciudad. Atravesando la puerta, a la izquierda tenemos unas escaleras para acceder a la muralla.

¿Sabías que con el comienzo del siglo XX se decidió dar una nueva vida a la puerta?

Puerta Nueva

La conocida como Puerta Nueva, es una de las cinco puertas originales construidas por los romanos, aunque a lo largo de la historia ha sufrido varias reconstrucciones.

Una de estas reconstrucciones data de la época medieval, cuando aparece por primera vez el nombre “Puerta Nueva” mencionado en documentación del siglo XII. Más tarde, con el comienzo del siglo XX, se vuelve a reconstruir debido a su estado ruinoso, que ponía en peligro la seguridad de los viandantes, segundo o proyecto del arquitecto municipal Juan Álvarez de Mendoza.

Esta última reconstrucción es la que ha llegado a nuestros días, y para su ejecución fue necesario modificar uno de los cubos y cortar parte de otro. Se trata de una puerta rematada por un arco carpanel de 4.60 metros de anchura, con una altura de 8 metros hasta la clave del arco, y casi 9 metros hasta el adarve. El arco está construido con dovelas de granito almohadillado, mientras que la bóveda está compuesta por sillares de granito. Las cuatro esquinas de la puerta se rematan mediante pilastras de sillares de granito almohadillados. Para las caras internas de la puerta se utilizó mortero de cal.

Situada en la zona norte de la ciudad de Lucus Augusti, fue utilizada como punto de partida hacia Brigantium (Betanzos) y otras poblaciones situadas al norte, hasta que en el siglo XIX fue construida la Puerta de San Fernando, a través de la cual sería desviado todo el tráfico, tanto de entrada como de salida, hacia las poblaciones más septentrionales.

Al atravesar la puerta, hacia el interior de la muralla, se encuentran a mano derecha las escaleras que dan acceso a la parte superior de la muralla, desde donde se observa gran parte de la ciudad, disfrutando también de una estampa típica de Lugo, como son las torres de la Catedral.

La Puerta Nueva, da acceso a una calle, homónima, que hoy en día es una vía peatonal en la que se pueden encontrar multitud de negocios.

¿Sabías que los romanos exponían las tumbas a la entrada de la ciudad para que los difuntos fueran recordados?

Necrópolis

La necrópolis de San Roque era la más amplia de la ciudad de Lugo. Estaba situada,como era habitual, fuera de murallas, en una de las vías de acceso a la ciudad, la denominada vía XIX que unía Astorga, Braga y Lugo.

Que su situación estuviera cerca de este camino no era coincidencia, sino que, en aquel entonces, las necrópolis se situaban a los pies de las vías de acceso a las ciudades para que así las tumbas fueran vistas por el mayor número de personas posibles y así los difuntos fuesen recordados.

Esta necrópolis se utilizó desde el siglo I hasta el siglo V,por lo que se pudieron documentar tanto enterramientos de incineración como de inhumación, si bien estos son mayoritarios.

La incineración podía ser en fosa o en cista (tumba en forma de caja de pequeñas dimensiones). Se colocaban objetos, cerca del difunto, con el fin de prestar servicio al alma. Entre esos objetos siempre había una lucerna (para que el cuerpo encontrara el camino al más allá), comida (para el viaje), y si se trataba de niños, se colocaban sus juguetes favoritos. También era frecuente depositar una moneda (para el barquero Caronte, que lleva las almas de los difuntos al otro lado del río donde les espera la vida eterna), objetos personales (anillo) u otro tipo de objetos, como una llave de bronce, que tenían un sentido más simbólico.

La inhumación aparece, alrededor de la mitad del siglo III, por influencia del cristianismo. En esta necrópolis se documentó un buen número de este tipo de enterramientos, con una variada tipología: sepulturas en fosa simple, en caja de piedra, tégula o ladrillo. El difunto era enterrado en un ataúd de madera o simplemente depositado directamente en la fosa con una pequeña mortaja. A veces el ataúd es acompañado de un pequeño mobiliario en forma de ajuar cerámico o de otros objetos, que se depositan al lado del féretro o en un pequeño nicho lateral, con el fin de facilitarle al fallecido los alimentos imprescindibles para este difícil viaje.

En el Centro Arqueológico de San Roque, se conservan algunos de estos enterramientos, realizados en tégula o ladrillo; juntamente con los restos de un gran estanque de agua en opus caementicium (hormigón romano), que data del siglo I y II, y que estaría en relación con el propio ritual funerario o, quizás, con algún culto religioso relacionado con divinidades orientales. También se pueden encontrar restos de un horno de fabricación de material cerámico del siglo V.

¿Sabías que los romanos pobres tenían que salir de casa para ir a la letrina, mientras que los ricos disponían de servicios propios?

Restos Domus

Las grandes domus o casas más pudientes contaban con todo tipo de instalaciones y comodidades que facilitaban la vida de sus habitantes: salas calefactadas por hipocausto, salas de recepción y comedor, termas y baños, etc. Mientras las casa más humildes apenas tenían una habitación para dormir. En el caso de los romanos más ricos, en sus casas contaban con letrinas, o baños, dentro de las viviendas, mientras que el resto de la población tenían que acudir a las letrinas públicas, donde tenían que pagar para acceder. Consistían en largos asientos corridos horadados con agujeros donde las personas se sentaban, unas junto a otras, mientras charlaban de política, negocios o del día a día. Las letrinas eran mixtas, pero las romanas eran muy pudorosas. Las mujeres preferían esperar su turno y dejar a alguien de guardia en la puerta.

Estas casas más humildes, en la mayor parte de los casos eran de alquiler, y se concentraban en las denominadas insulae, que venían a ser como bloques de viviendas (a veces de varios pisos), donde podían llegar a vivir hasta varias familias.. En la planta baja solían localizarse todo tipo de actividades comerciales y artesanales.

Hoy en día, en la ciudad de Lugo, aún no se ha encontrado un conjunto habitacional completo de domus o insulae, pero sí se conocen parcialmente algunas de estas viviendas

En la Rúa Miño nº12, en la Oficina de Turismo de la Xunta de Galicia, que ocupa la planta baja de esta casa del siglo XIX, se conservan los restos pertenecientes a un edificio romano de época bajoimperial, en los siglos III y IV. Estos consisten en dos muros perpendiculares, en mampostería de pizarra, que definen dos estancias o ámbitos diferenciados de una misma edificación. Una de estas estancias conserva prácticamente intacto su pavimento de opus signinum (compuesto por fragmentos de teja y ladrillo con mortero de cal).

En la Rúa Miño nº14, en los bajos de esta casa del siglo XVIII, se conservan restos arqueológicos correspondientes a una casa romana o domus residencial, también de época bajoimperial. Se trata de un patio interior pavimentado con grandes lajas de granito, delimitado parcialmente por muros de pizarra de casi 50 centímetros de anchura. Parte de uno de los muros se encuentra caído íntegramente sobre dicho pavimento, como consecuencia del proceso de ruina del edificio romano. Sobre el pavimento de losas se realizó un pequeño rebaje que, a modo de canaleta, permite drenar las aguas del patio hacia una pequeña pila de granito a partir de la cual se canalizaría el desagüe.

¿Sabías que el sistema de calefacción romano es el antecesor de los suelos radiantes que disponemos hoy en día?

Casa de los Mosaicos

La Domus Oceani, comúnmente conocida como Casa de los Mosaicos, fue descubierta a lo largo de los años, en diferentes excavaciones llevadas a cabo en el lugar. En 1842, debido a las obras para la construcción del alcantarillado de la antigua calle de Batitales, se encuentran los primeros restos de un mosaico de temática marina, presidido por el dios Océano, de ahí su nombre.

A lo largo del siglo XX se llevaron a cabo varias excavaciones arqueológicas en el lugar, lo que permitió recuperar nuevos vestigios de este magnífico mosaico. Decidiéndose en el año 1999, por parte de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural, conservar los restos in situ y llevar a cabo su musealización.

Esta sucesión de excavaciones dejó al descubierto los restos de una gran domus fechada a finales del siglo III o principios del siglo IV.

Esta gran vivienda fue, sin duda, propiedad de algún personaje de la élite social de la ciudad, pues ocupaba una amplia superficie muy cerca del Foro, y dos de sus fachadas estaban orientadas a las principales calles de Lucus Augusti, el Cardo y el Decumanus.

Además de sus magníficos mosaicos, fue descubierto uno de los conjuntos pictóricos más importante de la ciudad, formado por composiciones de temática vegetal, imitaciones de mármol, incluso una composición de esvásticas contiguas en una de las estancias pavimentadas con mosaico, que precede al gran oecus (sala de recepción).

Por todo esto es considerada uno de los mejores ejemplos de la arquitectura privada de Lucus Augusti. Y como vivienda de lujo que fue, disponía de ciertas comodidades que no todos los romanos podían permitirse. Hoy día cuando pensamos en los sistemas de calefacción, nos imaginamos radiadores de pared o bombas de aire caliente, pero cuando hablamos de casas de lujo, seguramente pensemos en un sistema de calefacción por suelo radiante; pues los romanos más pudientes e influyentes, ya disponían de un sistema similar en sus imponentes casas, el hypocaustum, que consistía en un suelo elevado entre 40-60 centímetros sobre pilares de ladrillos, bajo el cual circulaba el aire calentado por hornos de leña situados en un extremo de la habitación, y que se evacuaba a través de chimeneas ocultas en las paredes.

La Domus Oceani o Casa de los Mosaicos, disponía de este innovador sistema de calefacción en una de sus estancias, que se cree que fue un triclinum hiemale (salón o comedor de invierno) con una extensión de 56 metros cuadrados.

Situada en la calle Doutor Castro, también conocida popularmente como calle de las Dulcerías, se pueden visitar los restos de esta imponente mansión romana, disfrutando de un vídeo explicativo que te guía a través de las diferentes estancias, para entender cómo era la vida de una familia romana de clase alta.

¿Sabías que los romanos se inspiraron en los mosaicos norteafricanos para decorar esta piscina?

Piscina Santa María

Esta piscina estaba revestida íntegramente de mosaico, realizado con teselas grises y negras que se relaciona con mosaicos norteafricanos de temática cristiana..

La decoración del mosaico se dibuja generalmente en gris oscuro azulado y, ocasionalmente, en gris claro sobre fondo blanco. La pared este y el fondo se decoran con bandas de triángulos equiláteros escalonados, formando una decoración a modo de “copas de pino invertidas”. En el ábside norte está representado lo que puede interpretarse como el cuerpo de una serpiente que se muerde su propia cola. En el ábside sur el motivo decorativo es un semicírculo inscrito en otro mayor y unido a él por líneas radiales.

La piscina, con forma rectangular y extremos menores absidales, conserva un pequeño escalón de la escalera de acceso. En el fondo de la piscina, centrada en su lado este se sitúa una placa de mármol cuya función sería amortiguar la caída del agua. El vaciado de la piscina se realizaba a través de un pequeño desagüe presente en el fondo de uno de los laterales, que desemboca en un canal que discurre paralelo al muro occidental.

Inicialmente se interpretó como un posible baptisterio, pero parece más probable que se trate de un frigidarium (piscina de agua fría) perteneciente a un complejo termal o balneum doméstico, datada en el s. IV d.C.

Algunas de las domus más distinguidas de la ciudad, contaban con pequeños baños privados, donde resultaba preceptivo la existencia de, por lo menos, tres piscinas, para cumplir con el rito terapéutico del baño: un primer baño de agua caliente, en el caldarium, seguido de un baño relajado de agua templada en el tepidarium, para acabar con un baño de agua fría en el frigidarium.

En la actualidad la piscina se expone a través de un vidrio transparente a nivel de rasante en la Plaza de Santa María, donde se descubrió en 1960 al realizar los trabajos de pavimentación del entorno de la catedral. Ante la falta de recursos para extraerla, decidieron dejarla bajo el pavimento de la plaza. Fue en el año 2004, cuando los técnicos del Servicio Municipal de Arqueología, localizaron la piscina y documentaron su situación exacta. Finalmente, en el año 2011, se llevaron a cabo las obras de restauración y valorización de la piscina romana.

¿Sabías que la religión romana admitía todo tipo de deidades y creencias?

Templo Romano

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En terrenos pertenecientes al patio posterior del Círculo de las Artes, y lindando con la muralla, se hallan los restos de un edificio de planta rectangular (no definida en toda su amplitud, dado que se encuentra cortada por el edificio del Círculo) y cabecera semicircular de pequeño tamaño, que parece corresponder a un pequeño templo datado en época romana tardía, en el siglo IV.

Contaba con un pavimento de opus signinum (compuesto por fragmentos de teja y ladrillo), toscamente conservado, que se extendía también a la cabecera absidal, situada en un plano más elevado con relación a la sala principal. Su construcción es atípica en el contexto arquitectónico del Lugo romano, para el que se han encontrado paralelos en otras partes del Imperio Romano, especialmente en Portugal (San Cucufate y Milreu) y en Britannia.

Aunque este templo no puede ser relacionado con el culto a ninguna divinidad en concreto, las creencias religiosas registradas en Lucus Augusti alcanzan un amplio listado que abarca desde los cultos claramente de tradición indígena o prerromana hasta los puramente clásicos y otros de procedencia oriental.

Estas creencias, agrupadas en tres grandes bloques, contemplan ejemplos de asimilación, reinterpretación y sincretismo por todas partes.

Los romanos fueron muy cautelosos en su proceso de culturización de los pueblos conquistados, por eso, sin imponer rígidamente sus hábitos y creencias, perviven muchos de los cultos a las divinidades indígenas antes presentes en el panteón galaico.Algunas de ellas son Tutela, Verora, Rea/Reo, Rego o Laho Paraliomego.

Los cultos oficiales están mejor representados, centrados especialmente en Júpiter (padre de dioses y de hombres), que en la ciudad de Lugo aparece venerado con los atributos de Óptimo, Máximo, Conservador (protector de la figura del emperador). También se hallan tributos a Mercurio (dios del comercio, hijo de Júpiter y Maia Maiestas) y Venus (diosa del amor, la belleza y la fertilidad).

También los cultos orientales parecen prender con fuerza en esta tierra, en fechas ya avanzadas en el Imperio. Entre ellos es Caelestis, interpretación de la divinidad africana Tanit, la deidad más venerada; Mitra, una deidad de tipo solar de origen persa; y Amón e Isis, divinidades del panteón egipcio.

Por último, otro de los hechos que marcaría la religión en el Lugo romano, ya en época tardía, es el papel del Cristianismo, que acabará extendiéndose e imponiéndose sobre los otros cultos.

¿Sabías que los romanos disponían de un sistema de alcantarillado protegido por Cloacina, la diosa de la pureza?

Cloaca

Los romanos daban una gran importancia a la eficacia del sistema de alcantarillado en el desarrollo de la ciudad y el mantenimiento de una buena higiene que permitiera prevenir las epidemias. Es por este motivo que rendían culto a una diosa de la pureza y protección de las aguas: Cloacina.

Ésta apareció el día en que los romanos encontraron una estatua entre sus aguas y pensaron que era una señal de los cielos. La llamaron Cloacina, que significa “purificar” y “limpiar”, que también hace referencia a los términos “alcantarilla” o “cloaca”. Fue nombrada patrona de la Cloaca Máxima*, el sistema de alcantarillado de Roma. Con el tiempo, se convirtió en diosa de la pureza, protectora de la salud sexual y diosa de la inmundicia. En su honor, se construyó un altar en el foro de Roma, donde se adoraba con rezo rimado, y fue imagen de algunas monedas romanas.

Las cloacas fueron exportadas a todas las ciudades del imperio romano con un tamaño medio o grande y, con ellas, el culto a la diosa Cloacina.

En Lucus Augusti, el antiguo sistema de sumideros localizados al lado de las calzadas, son sustituidos en época tardía por nuevos colectores que, en forma de cloacas ou túneles subterráneos abovedados, discurren bajo el eje de las calles. Construídas, a mediados del siglo IV, en mampostería de pizarra unida con mortero de arcilla y cal, rematada en cubierta abovedada del mismo material, sus medidas oscilan entre 1,50/1,80 metros de altura y 0,60/0,80 metros de ancho. Con una longitud de unos 380 metros, una de las principales cloacas, recorría la ciudad, desde la parte alta, siguiendo la pendiente oeste, hasta su salida en Puerta Miñá, prolongando su trazado más allá de ésta.

En la sala de Puerta Miñá, todavía se conservan hoy en día los restos de un tramo de 13 metros de esta cloaca.

*Cloaca máxima: significa “la alcantarilla mayor”, una de las más antiguas redes de alcantarillado del mundo. Construida en la Antigua Roma con el fin de drenar los pantanos locales y eliminar los desperdicios de una de las ciudades más pobladas del mundo antiguo, llevaba un efluente hacia el río Tíber.

¿Sabías que después de más de un siglo de su descubrimiento, sigue a ser unos de los misterios indescifrables de la arqueología gallega?

Santa Eulalia de Bóveda

El templo de Santa Eulalia o Santalla de Bóveda, un conjunto monumental ubicado en el valle del río Mera, a unos 14 kilómetros de Lugo, arrastra desde su hallazgo en 1926 el apelativo de “monumento enigmático”. Decenas de arqueólogos e historiadores de todo el mundo han expuesto durante un siglo sus variadas interpretaciones sobre el sentido y el origen de esta joya, cuya construcción se fecha en época tardorromana (en los siglos III y IV).

Históricamente se defendieron varias opciones para definir el uso original de Santa Eulalia: un edificio de carácter pagano, un templo paleocristiano, un ninfeo o culto a las divinidades del agua, un edificio dedicado a la diosa Cibeles, un templo funerario de un seguidor de Dioniso, el dios de la mitología clásica de la vendimia y el vino; sin que hasta ahora se haya producido un acuerdo unánime, si bien todas ellas destacan su carácter sacro.

Se trata de un edificio singular que no parece tener paralelos, por lo menos en la mitad occidental del Imperio Romano. Originalmente constaba de dos plantas. De la superior queda solamente el arranque de la cubierta abovedada. La inferior, sin embargo, se conserva casi en su totalidad, en parte debajo de la actual iglesia, y consiste en un espacio de planta rectangular con tres naves divididas por arcadas, un nicho o ábside rectangular al fondo, con una pequeña piscina en la nave central, que recogía el manantial, y un pórtico de entrada con dos columnas y varios curiosos relieves en la fachada.

Destacan las magníficas pinturas de la bóveda en las que se representan la naturalidad de diferentes aves entre rombos trazados con motivos vegetales estilizados, los sarmientos nuevos y viejos de la vid entrelazados, etc. Conservado en buena parte, es uno de los ejemplos más importantes de pintura mural romana tardía, de finales del siglo IV.

Además, existe otro enigma sobre Santa Eulalia de Bóveda que hace referencia a su ubicación en el entorno, ya que apenas se ha excavado a su alrededor, lo que lleva a plantearse si se trata de un elemento independiente o, por el contrario, formaba parte de una villa.

Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931, se trata de un edificio que, por su especial singularidad, merece ser visitado.

¿Sabías que este cubo es testigo de los grandes cambios sufridos en esta zona a lo largo de la historia?

Reducto de María Cristina

Este cubo forma parte del tramo original de la muralla romana de Lvcvs Augusti que, ya desde la época medieval, se hallaba oculto en esta zona denominada del Campo Castillo. Estos restos, restaurados e integrados en parte dentro de un bajo comercial, pueden ser observados desde el propio adarve de la muralla, entre la actual Puerta del Obispo Izquierdo y la Torre de “A Mosqueira”.

Aunque oculto hasta su descubrimiento en 1994, durante la intervención arqueológica realizada en un solar en la plaza de Campo Castillo, este cubo fue testigo de los grandes cambios que sufrió esta zona de la ciudad a lo largo de la historia. Próximo a él, se asentó el castillo medieval, que da nombre a la plaza y, posteriormente, en época moderna, la cárcel eclesiástica y en el que, con toda probabilidad, existía una puerta romana. Además, a mediados del siglo XIX, se construyó el denominado reducto María Cristina.

El reducto María Cristina es un baluarte o bastión defensivo, de forma triangular, que fue levantado en 1837 por el Cuerpo Nacional de Ingenieros para la ubicación de la artillería. Se denomina así en honor a la reina regente, María Cristina de Borbón, madre de Isabel II.

Fue construido con la finalidad principal de mejorar la defensa de la ciudad en plena Primera Guerra Carlista en una zona, la del Campo Castillo (entre la puerta de Obispo Aguirre y la Torre de A Mosqueira), en que el adarve de la muralla se hallaba interrumpido, ya en la época medieval, por varias construcciones asentadas directamente sobre la misma. Esta obra es considerada como la reforma más importante que ha sufrido la muralla en la época contemporánea y quizás, en toda su historia, ya que supuso una modificación sustancial de su trazado original en esta zona, permitiendo con ello dar continuidad a todo el adarve de la muralla.

¿Sabías que, antes de su construcción, por aquí entraba a la ciudad el acueducto romano?

Puerta de San Fernando

Esta es la primera de las 5 puertas modernas construidas a lo largo de los siglos XIX y XX, concretamente fue abierta en el año 1854. Situada en la zona norte de la ciudad, en el lugar por donde el acueducto de origen romano introducía el agua, zona antes conocida como “Boquete” en referencia al hueco que había en la muralla, para facilitar el paso del acueducto, sirvió para comunicar la ciudad intramuros con las poblaciones más septentrionales de la península.

No fue hasta el año 1858 que se le dió nombre a esta puerta. Con motivo de la visita de la reina Isabel II y su familia a la ciudad, el Ayuntamiento acordó ponerle el nombre del futuro rey Alfonso XII, por lo que, desde ese momento y hasta el año 1962, se la conoció como Puerta del Príncipe Alfonso.

En el año 1962 la puerta fue reformada, debido a la creciente población en esta parte de la ciudad, lo que dificultaba el tráfico, y por ello se decidió su ensanchamiento. Durante el ensanche, se aprovechó para derribar los edificios que habían sido construidos en la cara exterior de esta zona de la muralla, derribos que continuarían 14 años hasta que se eliminaron por completo todas las edificaciones levantadas junto a la muralla.

Tras esta ampliación, la puerta fue renombrada y pasó a llamarse Puerta de San Fernando, por estar al lado del cuartel del mismo nombre, tal y como la conocemos hoy en día.

La puerta está integrada por dos cuerpos basamentales de granito coronados por un imposta de la que arrancan los arcos directrices, carpaneles de cinco centros, rematados por dovelas del mismo material, entre los que se desarrolla la bóveda de rajuela de pizarra, de paso oblicuo o cuerno de vaca.

Uno de los aspectos más característicos de esta puerta es su gran amplitud de paso, 12,5 metros en la actualidad, 7 más que la original construida en 1854. Cuenta en sus paramentos laterales con sendos huecos, destinados, en su momento, a albergar transformadores.

En la actualidad, un monolito al lado de la puerta recuerda otra visita real, la que hicieron los entonces Reyes de España Juan Carlos I y Sofía en el año 1976.

Atravesando esta puerta, actualmente solo de salida, queda atrás la Plaza de Ferrol, en la que se encuentran la Iglesia de San Froilán y el antiguo cuartel de la guardia civil, para llegar a la Avda. de A Coruña que, como su propio nombre indica, conecta Lugo con la ciudad de A Coruña.

¿Sabías que su escasa ornamentación se debe a la precaria situación económica de la época?

Puerta de la Estación

Esta puerta, llamada Puerta de la Estación, fue abierta en el año 1875 en la época contemporánea, bajo el proyecto del arquitecto Nemesio Cobreros Cuevillas. Esta puerta fue construida a petición de algunos vecinos como consecuencia de la necesidad de comunicar el centro de la ciudad con la nueva estación del ferrocarril. Según se observa en las antiguas fotografías que se conservan, el primer proyecto de puerta que se realizó presentaba un cierto aire medievalizante, con un arco de medio punto situado entre dos altas torres voladas.

Un año más tarde se amplió y, para ello, se derribaron las dos torres entre las que se había abierto la puerta. Fue en el año 1921 cuando se amplió aún más y esta obra supuso el derribo por completo de la primera puerta y la construcción de la existente en la actualidad. La escasez de elementos ornamentales en esta puerta se debe a la precaria situación económica provocada por la Primera Guerra Mundial.

Se caracteriza por sobriedad y sencillez, presentando dos grandes pilastras de sillares de granito que soportan el arranque de un amplio arco carpanel que tiene unos 10 metros de ancho y 8 metros de altura. La bóveda y los paramentos son de mampostería de pizarra con revoque de mortero. En los laterales interiores hay, incrustadas en el muro, dos habitaciones con puerta adintelada que, en aquella época, sirvieron para la recaudación del impuesto de consumos, uno de los más gravosos e injustos con las clases menos favorecidas ya que se trataba de productos que eran de primera necesidad. Todo esto tuvo lugar durante el siglo XIX y parte del siglo XX.

Hoy, esta puerta junto con la Puerta de Obispo Odoario, son las únicas por las que puede acceder el tráfico rodado al interior de la muralla.

Atravesando ésta, se encuentran a la derecha unas escaleras que permiten subir a la Muralla.

¿Sabías que para su construcción se derribaron unas escaleras y un cubo originales?

Puerta del Bispo Izquierdo

También conocida como Puerta del Campo Castillo o Puerta de la Cárcel, fue la tercera puerta abierta en el siglo XIX, concretamente en el año 1888.

Su nombre se debe a Francisco Izquierdo y Tavira (1686-1762), nombrado obispo de Lugo el 16 de septiembre de 1748, quien realizó, a su costa, una nueva traída de aguas, paralela al acueducto romano, para poder abastecer a la creciente población lucense, y tres fuentes para beneficio público. Incluso destinó la renta de dos casas a la conservación de estas construcciones.

Se decidió construir esta puerta tras la inauguración de la nueva cárcel en 1887, hoy conocida como “O Vello Cárcere”, para facilitar el cambio de guardia y el acceso al juzgado. En el proceso de construcción fue necesario derribar unas escaleras de acceso al adarve de la muralla, seguramente romanas, y el cubo en el que estaban alojadas, además de una pequeña parte del Reducto María Cristina.

Situada a unos 150 metros de la Puerta del Obispo Aguirre, se alza sobre una imposta de granito corrido, y cuenta con una bóveda de medio cañón, ejecutada a base de dovelas de granito. En el exterior se observa el arco de medio punto, con 4,3 metros de ancho y 7,15 metros de alto, 8,10 metros hasta el adarve. Los paramentos laterales son de mampostería de pizarra, revestidos de mortero de cal.

En su construcción se aprovechó parte de la piedra procedente del derribo, y el sobrante se empleó en la construcción de alcantarillado en la parte norte de la ciudad y para rellenar el desnivel entre la ronda exterior de la muralla y lo que hoy es el Campo Castelo.

Hoy, a través de esta puerta, se accede al Campo Castelo, una zona de ocio compuesta por un parque infantil y múltiples locales, tanto de hostelería como comercios.

¿Sabías que durante las obras para su construcción aparecieron dos lápidas romanas?

Puerta del Bispo Aguirre

Situada en el lado sur de la muralla, fue construida en el año 1894, siendo la cuarta puerta abierta en el siglo XIX.Recibe su nombre del que fuera obispo de Lugo, Gregorio María Aguirre García, nacido el 12 de marzo de 1835 en Pola de Gordón, provincia de León, y cursó sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario de León, ingresando después en la orden franciscana.

Fue ordenado sacerdote en septiembre de 1859 por el entonces arzobispo de Toledo, el Cardenal Cirilo de Alameda y Brea. En 1884 se le nombró penitenciario de la Basílica Laterana, catedral de Roma, pero nunca llegó a tomar posesión del cargo.

El 21 de junio de 1885, fue ordenado Obispo de Lugo, cargo que desempeñó hasta el 20 de agosto de 1894 debido a su traslado a Burgos, durante el cual, ordenó construir el nuevo Seminario Mayor de Lugo.

Este fue uno de los motivos de la construcción de la que hoy conocemos como Puerta del Obispo Aguirre, facilitar la comunicación de la ciudad con el nuevo Seminario, además de con el antiguo cementerio situado en las inmediaciones de la actual Avda. Ramón Ferreiro.

Para su construcción, según el proyecto del arquitecto Nemesio Cobreros, fue necesario derribar dos cubos originales de la muralla, en uno de los cuales aparecieron dos lápidas de la época romana, conservadas actualmente en el Museo Provincial; algo habitual, por otra parte, en la muralla lucense.

La puerta está formada por un arco apainelado, de 10 metros de anchura y 8,15 de altura hasta la clave, 9 metros hasta el adarve.

La bóveda y los paramentos son de pizarra. En los laterales hay dos habitaciones con ventana y puerta adintelada, que en su día se destinaron para el cobro de tasas municipales sobre el tráfico de mercancías.

Se conserva una placa de mármol recordando el agradecimiento de la ciudad al ilustre obispo.

Esta puerta ha llegado a nuestros días sin variaciones desde su construcción, a finales del siglo XIX, a excepción de la peatonalización de la calle que la atravesaba y el tramo de la Ronda de la Muralla que pasa por delante.

¿Sabías que para su construcción se dinamitó un tramo de la muralla?

Puerta del Bispo Odoario

Esta puerta, la última de las cinco modernas, construida ya en el siglo XIX, no estuvo exenta de polémica. Ángel López Pérez, entonces alcalde de la ciudad, ordenó, en 1921, dinamitar esta zona de la muralla para mejorar la comunicación de la ciudad con el nuevo hospital que se estaba construyendo, el hospital de Santa María.

Esta polémica decisión, que se llevó por delante uno de los cubos originales de la muralla, provocó la denuncia de varios vecinos, derivando en un contencioso fallado contra el Ayuntamiento, lo que dio lugar a que el 16 de abril del mismo año el Estado declarara Monumento Nacional la muralla de Lugo, con el fin de dotarla de mayor protección.

La puerta, finalizada en 1928, es también conocida como Puerta del Hospital, pero es el obispo Odoario quien da nombre oficial a la puerta. Este fue uno de los primeros obispos de la ciudad de Lugo, venerado como Santo en algún tiempo, fue probablemente traído por Alfonso I hacia el año 750. Y debió de fallecer hacia el año 780.

Situada en el lado oeste de la ciudad, frente al que en su día fue el hospital de Santa María, esta gran puerta de aire medievalizante, se enmarca entre dos pilastras que terminan en la parte inferior con un contrafuerte decorativo y en la parte superior dos grandes bolas.

Uno de los aspectos más característicos de esta obra es la doble curvatura que hace el arco, llamado de paso oblicuo o de cuerno de vaca, con el objetivo de poder seguir el giro que en este punto hace el trazado.

Con sus 12 metros de ancho y sus 9,10 metros de altura, es la segunda puerta más grande de la muralla, sólo por detrás de la actual Puerta de San Fernando. Su bóveda y paramentos laterales son de mampostería de pizarra. A los lados hay dos habitaciones para los fielatos, a las que se accede por una puerta de arco de medio punto.

Hoy, esta puerta junto con la Puerta de la Estación son las únicas por las que puede acceder el tráfico rodado al interior de la muralla. Al atravesarla se encuentra el Sanatorio Nosa Señora Dos Ollos Grandes a la derecha y el Instituto de Educación Secundaria Xoán Montes a la izquierda.

¿Sabías que en este antiguo convento puedes viajar a través de la historia de la ciudad?

Museo Provincial de Lugo

Esta puerta, la última de las cinco modernas, construida ya en el siglo XIX, no estuvo exenta de polémica. Ángel López Pérez, entonces alcalde de la ciudad, ordenó, en 1921, dinamitar esta zona de la muralla para mejorar la comunicación de la ciudad con el nuevo hospital que se estaba construyendo, el hospital de Santa María.

Esta polémica decisión, que se llevó por delante uno de los cubos originales de la muralla, provocó la denuncia de varios vecinos, derivando en un contencioso fallado contra el Ayuntamiento, lo que dio lugar a que el 16 de abril del mismo año el Estado declarara Monumento Nacional la muralla de Lugo, con el fin de dotarla de mayor protección.

La puerta, finalizada en 1928, es también conocida como Puerta del Hospital, pero es el obispo Odoario quien da nombre oficial a la puerta. Este fue uno de los primeros obispos de la ciudad de Lugo, venerado como Santo en algún tiempo, fue probablemente traído por Alfonso I hacia el año 750. Y debió de fallecer hacia el año 780.

Situada en el lado oeste de la ciudad, frente al que en su día fue el hospital de Santa María, esta gran puerta de aire medievalizante, se enmarca entre dos pilastras que terminan en la parte inferior con un contrafuerte decorativo y en la parte superior dos grandes bolas.

Uno de los aspectos más característicos de esta obra es la doble curvatura que hace el arco, llamado de paso oblicuo o de cuerno de vaca, con el objetivo de poder seguir el giro que en este punto hace el trazado.

Con sus 12 metros de ancho y sus 9,10 metros de altura, es la segunda puerta más grande de la muralla, sólo por detrás de la actual Puerta de San Fernando. Su bóveda y paramentos laterales son de mampostería de pizarra. A los lados hay dos habitaciones para los fielatos, a las que se accede por una puerta de arco de medio punto.

Hoy, esta puerta junto con la Puerta de la Estación son las únicas por las que puede acceder el tráfico rodado al interior de la muralla. Al atravesarla se encuentra el Sanatorio Nosa Señora Dos Ollos Grandes a la derecha y el Instituto de Educación Secundaria Xoán Montes a la izquierda.

¿Sabías que era el edificio del antiguo matadero en el siglo XIX?

Sala de Exposiciones Puerta Miñá

Este edificio es hoy sede de una exposición permanente sobre el Lugo romano, pero en 1886, fue el matadero municipal de la ciudad. En la actual exposición se explica la configuración de Lucus Augusti siguiendo su proceso evolutivo, desde sus orígenes, a finale del siglo I, como campamento, pasando por su época de máximo esplendor y fortificación, hasta su ocaso, a finales del siglo V.

El edificio está situado fuera del recinto amurallado, próximo a la puerta de la que recibe el nombre, frente a la capilla de la Virgen del Carmen y en plena ruta jacobea del Camino Primitivo. Acoge una magnífica exposición, en la que los visitantes pueden realizar un viaje histórico al Lugo romano, de una manera didáctica y amena a través de la combinación de fotografías, planos, recreaciones y numerosos objetos arqueológicos procedentes de las excavaciones realizadas en la ciudad a lo largo de los últimos 30 años.

La exposición se divide en dos bloques, el primero, al entrar a la derecha, abarca los tres primeros siglos de vida de la ciudad, partiendo de su origen como campamento militar, mientras que el segundo bloque, al entrar a la izquierda, muestra los siglos siguientes, desde la fortificación de la ciudad a finale del siglo III hasta la llegada de los suevos en el siglo V.

Tras el asentamiento del campamento militar y la fundación de la ciudad a finales del siglo I a.C., comenzará en Lucus Augusti una época de fuerte desarrollo urbanístico, equiparable a las grandes urbes del momento. A través de los paneles de la exposición, los visitantes podrán conocer la configuración de la ciudad en función de una cuadrícula casi perfecta de calles interiores orientadas en torno a dos ejes principales, el kardo maximus (N-S) y el Decumanus Maximus (E-W).

También se podrá conocer en esta exposición la importancia que tenía para los romanos el Foro, espacio abierto en el que se organizaba la mayor parte de las actividades públicas, jurídicas, administrativas o lúdicas de la ciudad, y las Termas, donde los ciudadanos galaico-romanos dedicaban tiempo al ejercicio físico y al cuidado del cuerpo.

Ya al final de la exposición, se recoge la conquista de la ciudad por los suevos en el domingo de Pascua del año 460, lo que provocó el declive urbanístico del Lugo romano y el abandono progresivo de gran parte de los edificios.

Esta exposición es visita obligada, tanto para lucenses como para foráneos, para así entender la historia y evolución de nuestra ciudad.

¿Sabías que aquí se conservan representaciones que aluden, tal vez, a divinidades egipcias?

Centro arqueológico de San Roque

Como consecuencia de la exhumación de una gran necrópolis en la zona de San Roque, se descubrió un gran estanque de agua, posiblemente construido entre los siglos I y II, que podría estar relacionado con el propio ritual funerario, o quizás con algún culto religioso en el que podrían estar presentes divinidades orientales, y es que las gárgolas de entrada y salida del agua, ambas orientadas al sur, parecen representar: la primera a una medusa o esfinge y la segunda una cabeza de carnero, siendo esta última la representación más habitual del dios egipcio Amón.

Se trata de un insólito lacus (estanque) de 6 por 4,4 por 0,80 metros y está fabricado en opus caementicium (hormigón romano), con una superficie interior enfoscada con fina argamasa de cal, arena y polvo de ladrillo (opus signinum). Su construcción respetó la existencia de un pequeño manantial existente en el lugar, y que se conserva bajo el mismo..

Además del estanque, existen restos de lo que en su día fue un horno de planta cuadrangular dedicado a la fabricación de material cerámico a finales del siglo IV.

En Lucus Augusti el barrio alfarero, compuesto por más de 30 hornos, se situaba cerca de las zonas de necrópolis, en la cara este de la ciudad, para que los vientos del oeste alejaran el humo del núcleo urbano y así evitar posibles incendios.

Hoy, a pesar de que la zona ha sido ocupada por las edificaciones desde hace mucho tiempo, se pueden ver en el Centro Arqueológico de San Roque, situado detrás de la iglesia, tanto el estanque ritual, como los restos del horno, además de varias tumbas de incineración e inhumación.

¿Sabías que aquí se desvelan los secretos de la muralla de Lucus Augusti?

Centro de Interpretación de la Muralla

El Centro de Interpretación de la Muralla, ubicado en un edificio rehabilitado del siglo XVIII de la plaza del Campo, en pleno casco histórico, desvela los secretos de la muralla, mostrando los diferentes aspectos de la misma, desde sus características constructivas, su historia o sus múltiples usos, con una perspectiva más social y lúdica.

Este centro tiene como objetivo principal explicar y facilitar la compresión de la historia y el descubrimiento de la muralla romana de Lugo. A través de un discurso que permite, a su vez, que la muralla sirva de hilo conductor para explicar y entender la evolución de la propia ciudad a lo largo del tiempo, vinculando el resto de los recursos patrimoniales de la ciudad de todas las épocas con el propio monumento.

Este edificio se encuentra dividido en cuatro plantas, cada una dedicada a una época diferente de la muralla, pero todas siguen la misma organización. En cada una de las plantas hay un vídeo en el que se explica cómo ve la ciudadanía el monumento y como influye en el día a día de la capital.

En la planta baja se ubica la recepción de los visitantes y un punto de información turística del Ayuntamiento de Lugo. La primera planta muestra la construcción de la muralla como obra de ingeniería. En esta planta, se busca dar a conocer el cuándo, el cómo, el quién y el porqué del nacimiento de una ciudad y una muralla, mostrando también los restos que, en la actualidad, Lugo pone a su alcance. En la segunda planta se conocen los cambios de la muralla en época medieval y moderna. El tercer nivel habla de la muralla en la actualidad, su interacción con la población y el nombramiento como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Para conseguir los objetivos, la información se presenta de la manera más didáctica y amena posible. Se combinan diversos recursos expositivos que van desde paneles explicativos, audiovisuales, pantallas táctiles (con simulaciones sobre cómo era la ciudad, con edificios, personajes y lugares relevantes), hasta exposiciones de objetos arqueológicos y maquetas.

Con esta distribución y elaboración de los contenidos se intenta que sea el propio visitante el que decida cuánto tiempo quiere invertir en ver el centro.

¿Sabías que aquí se guarda el monolito fundacional de la ciudad romana?

Museo Interactivo de la Historia de Lugo

El Museo Interactivo de la Historia de Lugo (MIHL) está situado en el actual parque de la Milagrosa, en la zona norte de la ciudad, obra de los arquitectos Nieto-Sobejano e inaugurado en 2012.

Este edificio se configura como un parque-museo, ya que la estructura está soterrada bajo un amplio jardín del que sobresale a través de unos grandes cilindros revestidos de acero corten.

La distribución del espacio es en base a una serie de salas cilíndricas, iluminadas por lucernarios, que albergan las áreas expositivas (temporales y permanentes) que culminan en el espacio principal del museo que distingue dos espacios destinados a las exposiciones.
En todo este museo, destaca la denominada “caja negra”, espacio de 500 metros cuadrados en el que, a través de una pantalla semicircular de 10 metros, se proyecta un audiovisual sobre la ciudad de Lugo a lo largo de su historia.

El museo está planteado como un camino a través de la historia. A medida que se avanza por sus rincones, se ilumina objetos, se proyectan vídeos y se iluminan maquetas históricas de la ciudad.

Su exposición permanente acoge, entre otras, una muestra sobre el Lugo romano, en la que se pretende dar una visión de esta etapa de la ciudad mediante el recurso de audiovisuales, maquetas interactivas y paneles, junto con una pequeña selección de piezas arqueológicas entre las que destaca el monolito granítico que recoge la inscripción fundacional de la ciudad, mandado levantar por Paulo Fabio Máximo en el honor del emperador Augusto, entre los años quince y trece antes de Cristo. También se exhiben otras piezas de interés, como una máscara teatral de terracota y un conjunto de piezas epigráficas y cerámicas.

También se acogen diversas exposiciones temporales entre las paredes de este museo.




Precedentes de la arqueología lucense

Los primeros datos sobre los restos arqueológicos de la antigua Lucus Augusti arrancan en el siglo XVI. El canónigo lucense Juan Pallares y Gayoso, en su “ Argos Divina” (1700), habla de una manera más detallada de los restos visibles del Lugo romano. Será a partir del siglo XIX cuando se generalicen las noticias sobre nuevos hallazgos fortuítos, como el descubrimiento del afamado mosaico de Batitales (1842). Ya en el siglo XX los datos arqueológicos saldrán a la luz pública cada vez más rápidamente, bien sea mediante los estudios de destacadas figuras, como D. Manuel Vázquez Seijas, monografías históricas o simposiums científicos, como el Bimilenario de la ciudad en 1975.